Venus en Leo
La persona
con Venus en Leo puede ser encantadora, histriónica, y magnéticamente
atractiva, sólo que rara vez sale de la posición central en la que se siente
admirada y adorada por los demás. Su brillo no puede pasar desapercibido.
Quiere que los demás la reconozcan, admiren su belleza, que por cierto nada
tiene que ver con las coordenadas que traza la sociedad, por lo cual pone mucha
atención a su imagen.
Venus en Leo
tiene talento para casi cualquier cosa que pueda hacerse arriba de un
escenario. Bailar, cantar, actuar son talentos potenciales que puede
desarrollar. La mejor opción para la persona con Venus en Leo es lanzarse de
cabeza al caudaloso río creativo que corre por sus venas. La creatividad es canalizadora
del disfrute, y eso se irradia hacia el entorno del cual espera alguna
respuesta agradable. El recorrido no está liberado de obstáculos, porque es
posible que esté muy pendiente de la imagen que ofrece a los demás y del
impacto que esta genera en los otros, lo cual resta autenticidad a su expresión.
Se trata de una trampa que se tiende a sí mismo, y el mayor riesgo es quedar
atrapado en la imagen que proyecta a los demás como condición para ser aceptado.
En una
relación mucho más cercana e íntima puede ser un mecanismo que ponga a rodar
una bola de nieve. Si bien para Venus en Leo la exaltación de la belleza es
importante, se vuelve frívolo si sólo se enfoca en la apariencia. Puede que eso
mismo quiera encontrar en los demás. En este sentido le atraen las personas que
sobresalen por alguna cualidad que no siempre es el atractivo físico. Puede
tratarse de personas que tienen cierto prestigio, fama, popularidad, posición
social, poder económico o reconocimiento público. Algo brilla en ese imán que lo
deja sin resistencia frente a la atracción. Y es natural que ese otro sea central en su vida, su compañía lo hace sentir especial, y potencia su
brillo natural.
La
generosidad, la honestidad y la fidelidad a sus propios sentimientos, son las
bases sobre la cuales construye un vínculo, pero si estos valores se ven
empañados, entonces aparece una demanda de atención que puede expresarse con
mucha exigencia, y en general los demás lo leen como un exceso de ego que
frustra el objetivo buscado. El amor se convierte entonces en un territorio que
no sólo desea conquistar sino también reinar, donde se lanzan todas las armas
de seducción disponibles y un ejército de atenciones. Tal despliegue puede
resultar un poco teatral, pero no por eso deja de ser efectivo porque en eso va
su corazón.
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